Odio levantarme temprano y cuando me toca entrar a las 8 para ir a mi primera clase es todo un reto.
Mi maestra del año pasado -como también era súper inpuntual- nos dejaba llegar a la hora que queríamos. Ella siempre llegaba como a las 8.30 pero su adjunto siempre empezaba la clase a las 8. A las 8 estaba el adjunto revisando la tarea de los siempre nerds del salón. A partir de las 8.20 empezabamos a llegar todos los demás a cuenta gotas. Como a mí me daba hueva todo ese preludio -y como de todas formas nunca hacía la tarea- yo siempre llegaba por ahí de las 9, si bien me iba. Si ese día me levantaba en el mood de maquillarme y arreglarme bonito, llegaba al rededor de las 9.30 poque todavía me daba el lujo de pasar por mi muffin de chocolate y mi café (el segundo del día porque soy bien adicta) ¡cuando la clase empezaba a las 8! ¡Soy una mamada! Y como la maestra no me decía nada pues yo no hacía nada y por eso reprobé... Si ya se que estoy bien wey
Pero mi maestro de éste año, y con el cual recurso, me ha metido en cintura porque si no llego, máximo, a las 8.10 no me deja pasar. Los primeros dos días que llegué media hora tarde me puso como camote frente a todos y eso me dió mucha verguenza y me hizo sentir mal. Entonces decidí ahorrarme pedos y de paso, aprender a ser puntual. He aquí la historia:
Para empezar siempre dejo al celular sonar por horas. Entonces lo programo media hora antes. Yo, al igual que muchas personas inteligentes de esta cuidad, llevo a cabo ésta perfecta táctica. Ya sé que soy super huevona y también ya sé que si me despiertan de putazo me sale la pitufa gruñona. Así que me aliviana mucho despertar y escuchar la musiquita porque me recuerda que puedo dormir media hora más. ¡Sí! el eterno placer infantil de: "por fa, ma, cinco minutitos más" por fin está en mis manos y puedo satisfacerlo a gusto. Mientras tanto, planeo entre sueños qué me voy a poner: por supuesto que ésta táctica nunca funciona porque siempre sueño con ponerme cosas bien extrañas y que ni tengo. Entonces, después de que el celular ya sonó y sonó y sonó, acepto la realidad irremediable, por fin me levanto, me preparo el primer café del día y me paro enfrente del closet para echarme un round con mi guardaropa: nunca sé que ponerme y nunca me importa, pero creánme que es una tortura en las mañanas cuando todavía estoy dormida. Saco y saco cosas y casi siempre termino poniendóme lo que usé el dia anterior: eso si el outfit no luce muy puerco.
Si tengo clase en las mañanas, ni de loca me maquillo: así como desperté así me voy. Con alhmoadazo y todo. No me importa, el sueño es sagrado para mí. De todas formas sólo tengo dos clases en la mañana, regreso a comer y vuelvo a la escuela en la tarde. Por lo tanto las personas sólo tienen que aguantar mi demacrado aspecto durante dos clases. ¡No es tanto! Me iría en pijama si por mí fuera pero como me voy en mi hermosa bici "La nena" pues esta cañón montarla y pedalearle en pantuflas y pantalón de franelita con osos.
Llego a la escuela con la ropa del día anterior, sin maquillaje y sudada ¡Soy una mamada!. Lo primero que quiero es un café cargadísimo (el segundo del día). Y ahí voy. Compro mi café en la facultad. Aunque el café de ahí es pésimo, pero ni modo. Si fuera al otro cafecito donde me gusta comprarlo tardaría media hora mas y como el sueño para mí es sagrado, pues ni modo: hay que establecer prioridades. Ahí voy. El problema es que, esta vez (o sea, ayer) tenía que pasar mi tarea en limpio. Porque sí la hice, JURO que la hice, pero toda fea y mal hecha en hojas reclicadas y feas con letra horrorosa y terrible. Resultado de que como buena chilanga dejé todo para el último y que en la noche me estaba cayendo de hueva. Así que la hice en chinga toda mal y pensé: ni pedo, mañana llego un poco más tempra y la paso en limpio (Ajáaa).
Llegué si, un poco más temprano, pero pudo más mi adicción a la cafeína que mi responsabilidad. Y me lancé a la fila interminable de cafeina-adictos. Me llevó, no miento, más de 20 minutos. Lo peor de todo, es que estaba formada aperrándome por un pinche café americano horrible cuando en eso llega mi profe a comprar el suyo y... ¡madres! que se lo dan de INMEDIATO, de inmediato. ¡PTM! pensé -Ya valí merga-. Cuando ví que pagó y se fue, la verdad, ya no había nada que hacer. Todo estaba perdido. En lugar de ir camino al salón, me dirigí en sentido contrario a la tiendita a comprarme unas galletas porque como tomo mucho café luego me duele la panza. Y como ayer no llevé galletas de mi casa no tenía sentido tener dos castigos.
Todavía en el camino me topé con un amigo que me contó que estaba dando clases de literatura latinoamericana. Y yo así: que chingón. Sí que chingón dijo él pero no está padre a primera hora. ¿Apoco tú tienes clase a éstas horas de la madrugada?. Me reí harto. Sí es una tortura... pero estaríamos peor si existiera la clase de las 7 am. Coincidimos los dos y nos reimos harto. Así estuvimos: guaralá y guaralá. Hasta que cada quién se tuvo que ir para su clase. Yo todavía tenía la esperanza de que nos dejaran entregar la tarea al final de la clase pero seguro mi maestro ya se la sabe porque a penas llegué a tiempo para entrar al salón y ser de las últimas en entregarla.
Y sí, como soy bien extraña -aunque no soy la típica nerd- siempre me siento hasta delante y frente al maestro. Porque curiosamente siempre es la única banca libre que queda (jajaja, bola de coyones) y porque me gusta que el profe me tenga bien ubicada, aunque ponga en súper evidencia que soy una mamada jajaja. Pero en realidad no es tan mala idea porque aunque ustedes no lo crean de vez en cuando se me ocurre algo muy brillante, una respuesta muy certera o me sale una sonrisa bien simpática, entonces ya no quedo tan mal parada... Creo que a la larga hasta les caigo bien porque soy la unica valiente -o pendeja- que se sienta ahí jajajaja Aunque en este caso no me salvé y me llevé un buen regaño cuando entregué mis hojas todas feas y arrugadas. Lo bueno (o más bien lo malo) de todo esto es que yo no soy la única huevona de mi clase porque al menos la mitad de nosotros tampoco llevó su tarea. Y sí, para que les miento, nos pusieron como camotes a todos. De ninis-nihilistas-generación decadente-desastrosa-valemadrista no nos bajó el profe. Bien merecido castigo nos puso: nos la aplicó a todos y nos dejó 10 veces más tarea de la que había dejado para este puente (¡No mames!).
Esta vez, si la voy a hacer. Y bien bonita y hecha: LO JURO (con decoración y florecitas, me dijo el profe). Pero talvez esto no hubiera pasado si los que venden el café no le dieran preferencia a los Maestros... ¡Eso no es justo! ¿O, si? No lo sabré hasta que a mí me toque ser Maestra.
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